Lo que debes saber sobre el funcionamiento de tu tarjeta de crédito

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Conocer el funcionamiento de tu tarjeta de crédito es fundamental. El dinero de plástico se ha convertido en una parte esencial de nuestra vida. Su ventaja a priori es obvia: permite pagar tus compras por todo el mundo de forma aplazada, ofreciendo una línea de crédito limitada pero inmediata.

Sin embargo cada vez son más los casos de personas que se ven con problemas de deuda acumulada debido a un mal uso de su tarjeta de crédito. Por eso es importante conocer a fondo su funcionamiento, sus ventajas y sus riesgos asociados, para que una herramienta que puede hacerte la vida más fácil no se convierta en tu peor pesadilla. Sigue leyendo, y te contaremos todo lo que necesitas saber.

Diferencias entre crédito y débito

Se calcula que cada español medio tiene al menos cuatro tarjetas diferentes en su cartera. Sin embargo, no todas son iguales. Hay que distinguir claramente entre una tarjeta de débito, y una de crédito.

Tarjeta de débito

Con una tarjeta de débito sólo puedes disponer del dinero que tienes en la cuenta asociada –en ocasiones permiten un pequeño descubierto- por lo que, si la cuenta se queda sin fondos, no podrás usarla.

Además los pagos que realices se cargan más o menos –pueden tardar unos días- directamente en tu cuenta. La ventaja que ofrecen es que permiten un control mayor del gasto, además de que –siempre que sean usadas en cajeros de la misma entidad- no cobran por sacar dinero.

Tarjeta de crédito

Con una tarjeta de crédito lo que se hace es pagar utilizando un dinero con el que en realidad aún no se cuenta, y que la entidad emisora de la tarjeta ofrece por adelantado al cliente. Es decir, estamos usando un préstamo que nos permite utilizar unos fondos determinados, al margen de que contemos o no con ellos en nuestra cuenta.

La devolución de ese dinero –el llamado período de liquidación- suele producirse pasado un mes, mientras que la línea de crédito varía en función del tipo de tarjeta y del perfil del propio cliente. También existe la opción de pagar a plazos, pagando en este caso intereses, por lo que es importante usarla de forma responsable.

Tipos de tarjetas de crédito, y formas de pago

Aunque algunas son más comunes que otras, lo cierto es que existen varios tipos de tarjetas de crédito, y por tanto varias fórmulas de pago. Veamos las principales.

Tarjeta de crédito clásica

Es la más común: Visa, Mastercard, American Express… Toda la línea de crédito disponible utilizada por el cliente se cobra pasado un mes (a veces dos). Básicamente existen dos formas de cargar los gastos de la tarjeta al cliente:

  • Si tras acumular gastos con nuestra línea de crédito, al pasar un mes y llegar la fecha de devolución contamos con fondos suficientes en nuestra cuenta, el cargo se hará –normalmente el día 5- y no pagaremos interés Si por el contrario no contamos con los fondos necesarios, entran en juego los intereses y comisiones de la tarjeta.
  • Otra opción en lugar de cargar todos los gastos al cabo de un mes, es aplazarlos y pagarlos en varios plazos a nuestra elección, aunque esto claro conlleva el pago de unos intereses que varían en función de la tarjeta y la entidad emisora.

Tarjetas oro y platino

Funcionan al igual que las tarjetas clásicas, sólo que su línea de crédito es mucho mayor y suelen incluir varios servicios adicionales. Están reservadas por tanto para clientes VIP y de gran solvencia.

Tarjetas revolving

Son un tipo de tarjetas de crédito con un funcionamiento muy particular. Con ellas todas las compras o disposiciones de efectivo en cajeros se aplazan automáticamente, y se abonan mediante una cuota fija mensual. Es decir, el titular paga una cantidad fija cada mes –dentro de unos mínimos y máximos- que incluyen intereses y comisiones. Su mayor riesgo es que cobra unos elevados intereses y que con ellas el riesgo de endeudamiento es mayor.

Tarjetas de puntos

Son tarjetas de crédito que ofrecen ventajas extra por medio de la acumulación de puntos, que luego permiten obtener servicios gratuitos, descuentos en tiendas y gasolineras, viajes, etc.

Tarjetas de crédito virtuales

Son tarjetas que deben cargarse previamente con el dinero del que se quiere disponer, y que se utilizan principalmente para compras en Internet. Se llaman “virtuales” porque en realidad no cuentan con un soporte físico real (plástico).

Ventajas y peligros de las tarjetas

Una de las principales ventajas de las tarjetas de crédito es claramente la posibilidad de tener acceso inmediato a fondos de los que realmente no se dispone en el momento, sin tener que solicitar un préstamo al banco. Además la línea de crédito que ofrecen se renueva una vez saldada la deuda. Algunas tarjetas llevan asociadas además determinados servicios así como seguros (vida, asistencia en viaje, accidentes, robo) que resultan muy útiles.

Por contra estas tarjetas tienen un riesgo claro, y es la posibilidad de que el usuario termine endeudado sin darse cuenta por gastar más dinero del que tiene, ya que su uso hace más difícil llevar un control de nuestros ingresos y gastos. Además si no podemos hacer frente al cobro a fin de mes o queremos aplazar los pagos, los intereses de la tarjeta son más altos que los de un préstamo personal, pudiendo superar el 20% TAE.

Hay que tener en cuenta también que además de los intereses, las tarjetas de crédito suelen tener asociadas unos gastos por emisión, renovación y mantenimiento más altos que las tarjetas de débito, y que pueden incluir comisiones por gestiones tales como retirar efectivo, consultar saldo, usar la banca online, etc que tampoco tienen las de débito.

Pese a todo, lo cierto es que siempre que se tenga claro el funcionamiento de una tarjeta de crédito, resulta recomendable al menos tener una para tener cierto crédito disponible al instante. Pero es importante comprender que una tarjeta de crédito es un dinero prestado, y que por tanto debe usarse con prudencia para evitar endeudarnos demasiado y sobrepasar nuestra capacidad de pago. Es decir: usa tu tarjeta… pero también tu cabeza.