Qué es un préstamo pignorado, y cuándo recurrir a él

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¿Sabes qué es un préstamo pignorado? ¿Has oído hablar de él? Puede ser que nunca lo hayas escuchado, porque lo cierto es que no es una fórmula habitualmente usada para financiación, pero está disponible y tiene sus ventajas, aunque sea poco conocida y no todos los bancos la ofrezcan.

Pignorar es una palabra que significa “dar o dejar en prenda una cosa”, en este caso como garantía adicional de pago de un préstamo. Puede usarse cuando nuestro perfil no ofrece suficientes garantías a la entidad para concedernos un crédito, y puede ser un recurso para evitar usar como aval nuestra vivienda, por ejemplo, ante el riesgo de perderla. Veamos cuándo podemos recurrir a este préstamo, y qué ventajas y riesgos ofrece.

¿Cuándo se recurre a un préstamo pignorado?

Cuando acudimos a una entidad bancaria a solicitar un préstamo, pueden pedirnos como garantía –además de nuestros ingresos- un aval (garantía personal), un bien inmueble (garantía hipotecaria) o un bien dejado en prenda (garantía pignorada). Muchas veces si nuestro perfil no es el adecuado, el banco puede exigir dos o más de estas garantías, y aquí es donde entraría en juego la pignoración de un bien, ya sea mueble o inmueble.

Mediante un préstamo pignorado lo que hacemos es entregar al acreedor –normalmente un banco- uno o varios activos como garantía adicional de que vamos a cumplir con los pagos. Puede ser un coche, un depósito bancario, unas acciones… o incluso una vivienda o un local. Dichos bienes pueden ser de nuestra propiedad o de un tercero que sea avalista, pero que al pignorar un bien limita la exposición de su patrimonio al riesgo en caso de impago.

La opción de pignorar permite así tener acceso a la financiación privada tanto para particulares como para empresas, si por circunstancias no podemos obtener un crédito por los cauces habituales; no obstante tampoco es necesario llegar a eso: simplemente podemos ofrecer un bien pignorado para mejorar las condiciones de financiación del préstamo. En todo caso, no nos darán una financiación más allá del 60-90% del valor de la garantía.

¿Préstamo pignorado, o con garantía hipotecaria?

Está claro que llegados a este punto, muchos os estaréis preguntando: ¿por qué no recurrir a avalar un préstamo con una propiedad (lo que se llama un préstamo con garantía hipotecaria)?

Bueno, pues la verdad es que comparativamente un préstamo pignorado es más barato, ya que nos libramos de pagar varios costes como la tasación del inmueble, y en general los trámites son más sencillos: sólo tendríamos que registrar ante notario la operación.

No obstante hemos de tener en cuenta que a diferencia de una hipoteca o de un préstamo con garantía hipotecaria, al pignorar un bien éste pasa a manos del acreedor y no podremos disponer de él ni hacer uso del mismo. Por ejemplo, si pignoramos un coche no podremos conducirlo ni venderlo, aunque si hemos empleado como garantía un activo financiero (unas acciones, un fondo, etc), la rentabilidad que genere sí será para nosotros.

En cualquier caso, la diferencia principal es que con un préstamo pignorado podemos recurrir a todo tipo de bienes físicos o financieros para avalar la operación, siempre y cuando su valor cubra el préstamo concedido.

Y si dejo de pagar?

En el peor de los casos, si no podemos hacer frente al préstamo y dejamos de pagar nuestras cuotas, el acreedor –generalmente una entidad bancaria- podrá ejercitar su derecho de quedarse definitivamente con el bien pignorado para recuperar el dinero prestado.

Si se tratase de un bien físico como un vehículo, una obra de arte, un local, etc, será sacado a subasta pública; si por el contrario se trata de un activo financiero, por ejemplo unas acciones, el prestamista las venderá para recuperar su valor en el mercado.

Ventajas e inconvenientes

Ya hemos visto que pignorar un bien es una opción un tanto delicada, ya que podemos obtener financiación incluso en mejores condiciones, pero poniendo en riesgo un bien que podemos llegar a perder, y que no podremos utilizar mientras no devolvamos el préstamo. Veamos más en detalle las ventajas e inconvenientes que ofrece esta fórmula.

Ventajas

  • A pesar de no poder seguir haciendo uso del bien entregado en prenda mientras dure el préstamo, si se trata de un activo financiero podremos seguir disfrutando de su rentabilidad a la par que garantiza la operación.
  • Además, y siguiendo con el ejemplo anterior, si usamos un activo financiero como aval su rentabilidad puede ser mayor que los intereses del préstamo, y mientras esté pignorado no tendremos que pagar impuestos por él.
  • Los gastos que conlleva la operación son menores que en un préstamo con garantía hipotecaria.
  • Se puede acceder a un tipo de interés y a unas condiciones de financiación más atractivas que con otros tipos de préstamo.
  • No se aplican comisiones por amortización o cancelación anticipada.

Inconvenientes

  • No es un producto de fácil acceso. De hecho son pocos los bancos que ofrecen préstamos pignorados, y sólo a clientes que cumplan ciertas condiciones, como tener un patrimonio mínimo que ronde los 100.000 euros.
  • El plazo de devolución del préstamo es corto y no suele superar los 8-10 años, como mucho.
  • La financiación a la que podamos acceder dependerá del bien o los bienes que podamos pignorar; además, hay activos que no pueden ser dados en prenda, por ejemplo los planes de pensiones.
  • No podemos disponer del bien entregado en garantía mientras dure el préstamo, salvo la excepción –y con limitaciones- de los activos financieros.

En resumen, y tras haber visto en detalle qué es un préstamo pignorado y qué condiciones, ventajas y riesgos ofrece, podemos concluir que aunque recurrir a pignorar un bien puede servir para acceder a una financiación extra en determinadas circunstancias, se trata de una operación que tiene sus limitaciones y que no es recomendable para cualquier cliente. En todo caso de llevarla a cabo, es más ventajoso usar como aval acciones que bienes físicos.